Consumidores - Fundación Galicia Verde


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CONSUMIDORES RESPONSABLES



Vivimos en una sociedad de consumo.
Consumimos alimentos, ocio, transporte, ropa, agua, energía, etc. etc., pero, en general, nunca nos preguntamos sobre las consecuencias de nuestros actos de consumo y, dada la actual situación de emergencia climática, urge que nos los replanteemos y los realicemos de manera consciente, responsable y solidaria.

Para ello debemos dejar de comprar compulsivamente, influenciados por agresivas campañas publicitarias, y la moda que con ellas pretenden crear, y plantearnos algunas preguntas:

La primera y más importante es: ¿Realmente necesito hacer esta compra, o puedo pasar sin ella?, porque no debemos comprar cosas innecesarias,...  ¿o no?. Pero también debemos pensar de donde procede, en que condiciones se produce, a quien beneficia esa compra, si hay alternativas locales o de proximidad, .... ya que de nuestra decisión depende la creación de trabajo mi entorno. o la explotación de mano de obra paises menos desarrollados, que el beneficio se reparta o que quede en manos de una persona, o pequeño grupo,  que se utilice, o no, mano de obra infantil, que el cambio climático se agrave, o se detenga, ... Resumiendo: detrás de cualquier decisión de compra, por sencilla que parezca, se producen numerosas implicaciones que debemos conocer ya que con nuestras acciones podemos  influir sobre ellas, con responsabilidad.

Para que la respuesta sea afirmativa reconsideraremos las 10-R:
 
·       Reducir
·       Reutilizar
·       Reciclar
·       Reflexionaar
·       Rechazar
·       Reparar
·       Recuperar
·       Redistribuir
·       Reusar
·       Reclamar
                   
En los últimos años, gracias fundamentalmente a la presión de los grupos ecologistas, se han generalizado las 3R. En cualquier rincón de nuestra geografía es posible observar los contenedores para reciclar y ver como la gente deposita allí sus residuos.
 
Las 3R (reducir, reutilizar y reciclar) constituyen una regla para cuidar el medio ambiente, específicamente para reducir el volumen de residuos o basura generada.
 
Pero vivimos en una sociedad de “consumo”, o más bien de despilfarro. Usamos y tiramos y, como cada día somos más, la regla de las tres R se ha quedado corta. Es urgente y necesario añadir otras 7R; Reflexionar, rechazar, reparar, recuperar, redistribuir, reusar y reclamar.
 
Los consumidores que asumen estas siete acciones contribuyen a conservar el medio ambiente, a lograr un mundo más equitativo y, de paso, ahorran dinero.
 
Vanos a desarrollar brevemente  lo que significan las 10R.

Reducir:
Una alternativa que favorecerá la calidad de vida de los seres humanos es la de reducir el uso y el consumo de materias primas y energía, recurriendo a fuentes renovables y minimizando los residuos durante el ciclo de vida de los productos. Antes de comprar pensemos si realmente necesitamos ese producto.

Reutilizar:
La reutilización de los productos y sus envases, empaques y/o embalajes, es una muestra de cómo podemos proteger la naturaleza al impedir que se consuman nuevas materias primas y energías vírgenes para fabricar nuevos productos.
  
Reciclar:
Actualmente, la obtención de materias primas derivadas del producto final ya utilizado representa una fuente importante de muchos productos que puede ser renovada indefinidamente. El acto de reciclar depende principalmente de tres factores: el valor del material como residuo; el costo del proceso de reciclaje y la aplicabilidad de la materia prima obtenida.
 
Reflexionar:
Antes de comprar cualquier producto pensemos si realmente lo necesitamos, o si lo queremos adquirir por otras razones como la influencia de la publicidad, la moda, etc. Tenemos que ser conscientes de lo que esa nueva compra representa en gasto de materias primas, energía etc. y también conocer donde y como fue elaborado, pues la mayoría de los productos de uso diario se elaboran a muchos kilómetros de distancia, con los consiguientes gastos que ello supone y, normalmente explotando a los trabajadores. Cualquier acción que anteponga a los seres humanos en detrimento de la naturaleza repercute de forma directa o indirecta en el bienestar humano actual y el de las generaciones venideras. La información y la educación ambiental son claves para que los ciudadanos puedan repensar su manera de consumir. Las decisiones coherentes con esta postura son muy diversas: elegir bienes y servicios comprometidos con el medio ambiente, caminar, ir en bicicleta o en transporte público en lugar del coche privado, apoyar el uso de las energías renovables y huir en lo posible del uso de combustibles fósiles, consumir alimentos frescos, de temporada y cercanos, vestir ropas realizadas con fibras naturales, etcétera.
  
Rechazar:
Debemos rechazar todos los productos tóxicos, no biodegradables o no reciclables. Este tipo de productos pueden estar en muchos ámbitos del hogar y, siempre que se pueda, hay que rechazar su uso y sustituirlos por otros más respetuosos con el medio ambiente. Las etiquetas y la información al consumidor de los productos pueden ayudar a discernir cuáles hay que rechazar. Conocer bien los símbolos de reciclaje puede servir para saber si los materiales se recuperarán cuando acabe su vida útil. Algunos productos tienen un gran impacto ambiental. Como posibles sustitutos, se pueden consumir los productos que garantizan la utilización sostenible de los bosques (sello FSC) o de los recursos pesqueros (sello MSC), los productos ecológicos o de comercio justo.

Reparar:
En contraposición a la obsolescencia programada, que es la programación de la vida útil de un producto, para que se vuelva inútil en un periodo de tiempo determinado previamente, utlicemos la reparación, recuperando los pequeños talleres y apoyando a los pequeños artesanos que las realizan. No hay nada lo suficientemente viejo o estropeado que no se pueda reparar. Una gran cantidad de objetos en nuestro hogar y oficina son desechados porque hemos optado por adquirir algo nuevo antes de reparar lo usado; textiles, electrónicos, mobiliario, calzado, equipo de cómputo, telefonía… Hay un sin fin de artículos que son susceptibles de esta R. La obsolescencia programada es justo lo opuesto y es contra lo que hay que batallar.

Recuperar:
Cada vez que recuperamos un material descartado estamos recuperando energía. Es posible recuperar de aquellos objetos de desecho, algunos de sus componentes para que puedan ser utilizados nuevamente; un buen ejemplo son los metales, que pueden ser separados de los distintos equipos que desechamos y nuevamente ser utilizados. O la ropa que con frecuencia se acumula en los armarios y pueden tener una segunda vida.

Redistribuir:
Los desequilibrios entre los países ricos y pobres no sólo afectan a sus habitantes, sino también al medio ambiente. La humanidad ha duplicado en los últimos 40 años su huella ecológica global, de manera que el consumo actual se basa en la utilización de los recursos de otros territorios o de generaciones futuras. Si todas las personas del mundo vivieran como un ciudadano medio de Estados Unidos o de Emiratos Árabes Unidos, se necesitarían más de 4,5 planetas Tierra. La huella ecológica de los españoles también es alta: se requieren más de tres superficies como la de España. El medio ambiente y la humanidad no pueden soportar de manera indefinida este desarrollo insostenible y, por ello, hay que redistribuir el consumo de manera equitativa. Los productos con una menor huella ecológica o basados en principios de comercio justo pueden disminuir estas diferencias.

Reusar:
La reparación es solo el primer paso; el reuso de objetos o el diseño de los mismos para que sean fáciles de reutilizar podrían generar un impacto favorable en el medio ambiente y en la economía de los individuos. Textiles, calzado, envases, contenedores,.... todo puede tener una segunda vida antes de terminar en los vertederos. Incluso el aceite utilizado en la industria alimenticia, los neumáticos de los coches o las mismas aguas grises. Otros usuarios pueden usar nuevamente un producto descartado, pero en buenas condiciones y capaz de realizar su función original. Como antiguamente, el hermano pequeño hereda la ropa del mayor. Prendas y calzado que se queda pequeño se puede donar entre hermanos, intercambiar o vender o bien donarlos a organizaciones solidarias que puedan distribuirlos allá donde se necesite. Todo puede tener una segunda, tercera o cuarta vida antes de que acabe en un vertedero.
  
Reclamar:
Los consumidores pueden y deben tener una participación activa en las actividades que influyen en su vida cotidiana. La ley ampara la posibilidad de reclamar y exigir actuaciones que contribuyan a mejorar el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos. Las líneas de acción son muy diversas: reclamar a las instituciones más medidas para conservar y recuperar el medio ambiente, reclamar más infraestructuras para poder reciclar, reclamar un mayor apoyo a los productos ecológicos y a las energías renovables, reclamar el uso de bolsas reutilizables en los supermercados en vez de las de usar y tirar, reclamar más productos reciclados y reciclables, reclamar más información medioambiental.
 
Los consumidores son la base del sistema productivo y sus decisiones de compra pueden modificar las tendencias del mercado. Por ello, realizar un consumo responsable es una manera indirecta de reclamar a las empresas que incluyan la variable ecológica en sus bienes y servicios.
 
La aplicación de estas acciones en las industrias y en nuestra vida cotidiana nos situará en el camino adecuado para convertirnos en una Humanidad Sostenible.  
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